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No, no es tiempo de compartir. Es tiempo de no reproducirse.

Pese a que el nombre de este sitio incluya la palabra ‘blanco’, término que aquí es utilizado explícitamente para hacer referencia a las razas humanas provenientes de Europa, algunos seguidores de este espacio presentan una realidad individual evidentemente mixta, mientras que otros son sencillamente de raza no blanca. Ninguno es culpable de su origen, ya que ninguno es causa de su origen, sino que una consecuencia, un resultado de un proceso donde la voluntad individual del individuo-consecuencia fue inicialmente inexistente. Nadie elige nacer, y mucho menos nadie elige a sus progenitores. Por esta razón, nacer a partir de una mixtura de razas se asemeja al pecado original, donde uno carga con un error anterior a su propio nacimiento. Sin embargo, si es su voluntad y si se sienten motivados a hacerlo, todos esos individuos pueden contribuir a la supervivencia blanca, a la eugenesia y al equilibrio ecológico. Y la forma correcta de contribuir a esa obra es mediante la negación de la propia reproducción.

Argumento antropocéntrico

La negación voluntaria de esta función biológica, mediante la no reproducción con individuos de raza blanca, interrumpe una parte de un flujo de genes no blancos dentro del acervo genético blanco. Cada vez que un blanco se reproduce con un no blanco, energía, recursos y genes blancos se desvían en generar individuos de raza mixta. Genes blancos son reemplazados con genes no blancos, y la posibilidad de que los genes blancos que pasa a la siguiente generación logren expresarse en las generaciones posteriores disminuye.

Si 100 individuos blancos se reproducen con 100 individuos no blancos, efectivamente los 100 lograrán traspasar sus genes a otra generación, pero su raza se diluirá en cada generación, puesto que en esta primera generación los individuos serán blancos en un 50%, que cualitativamente es lo mismo que decir ‘no blanco’.

Argumento ecocéntrico

Mientras que las etnias blancas nunca se han destacado por ser particularmente numerosas, dando preferencia cualitativa a la natalidad, las etnias no blancas, especialmente aquéllas con altos aportes cónguidos, tienden a tener altas tasas de natalidad, basando la supervivencia del grupo en el número. Esto, para la etnias blancas, puede significar una mayor presión sobre la supervivencia debido a la competencia por los recursos disponibles en los sistemas de soporte vital.

Bajo estos datos, la corrección política opera apelando a la piedad occidental, promoviendo que se envíe más y más recursos para detener el hambre. Esto no sólo no detiene el hambre, sino que permite que existan más y más bocas que alimentar. La solución para acabar con el hambre no es alimentar bocas hambrientas, sino que se acaben las bocas hambrientas.

Ahora, aún si la tasa de natalidad blanca se estancara y fuera la mínima suficiente para sustituir la mortalidad blanca, la explosión demográfica no blanca unida primeramente a la domesticación del trigo y el nacimiento de la agricultura, y luego al avance de la desertificación, la urbanización desmedida (las metrópolis-champiñón) y al asistencialismo blanco, igualmente provocaría la sobreexplotación de los servicios ecosistémicos a través de la depredación salvaje sobre los recursos y la competencia con otras especies por los recursos y el espacio.

La reproducción con individuos de raza mixta produce más individuos de raza mixta. La corrección política siempre da a entender que el máximo beneficio del mestizaje es que brinda más herramientas para la supervivencia (un ejemplo clásico es el de los perros de raza mixta, que tienen menos afecciones y tienen tasas de supervivencia mayores a los perros de razas puras). Ahora, la pregunta es, ¿qué tipo de equilibrio ecosistémico podría existir donde los individuos se reproducen sin parar, mueren en tasas bajísimas y donde depredan sin límites los recursos del planeta?

Si un individuo de raza mixta o no blanca está dispuesto a hacer algo en favor de la raza blanca y del planeta, ese algo debe ser la sencilla negación de la perpetuación de sus genes. No existe otra manera.

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