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Ya desde hace algún tiempo que venimos publicando cosas en este espacio y, al decir verdad, aún quedan muchos temas por tratar y otros por profundizar. Avanzando ya algo en el tiempo, hay algo que aún no hemos explicado: nuestra idea de tribalismo blanco.

Primero que todo, definiremos qué es para nosotros el Tribalismo.

El tribalismo corresponde a un sistema de organización que, en seres humanos, tiene como elemento aglutinante el poseer un algo que sea de común interés para todos los individuos que componen esta unidad: origen común, intereses en común y destino en común. Este conjunto de seres puede estar unido por lazos sanguíneos, culturales, valóricos, éticos, espirituales, etc. En lo práctico, estos lazos pueden no ser inmutables, puesto que bajo condiciones de estrés, la tribu al ser la tribu un ente vivo y, por ende, con la necesidad de mantenerse en el tiempo puede prescindir de algún factor si lo considerara necesario para su continuidad.

Muchas veces, la necesidad de continuidad de la tribu pudiera manifestarse en situaciones que podrían parecer contradictorias. Puesto que la tribu es un sistema de organización social primario, primitivo (el sistema original surgido desde el caos), su forma y función es la más cercana al estado primigenio del ser humano, al hombre como animal.

En la naturaleza cruel, podemos atestiguar crueles ejemplos de la necesidad de supervivencia llevada al límite, algunos de los cuales resultan casi incomprensibles para el hombre moderno. Por ejemplo, una manada de leones. El león, para continuar en el tiempo como grupo, debe reproducirse, ya que las crías continuarán formando el cuerpo de la tribu en el futuro. Pero en casos de hambruna extrema y escasez de alimento, los leones adultos devoran sus propias crías. ¿Cómo se explica tan contradictorio comportamiento, sabiendo que las crías son parte clave para el futuro? La naturaleza es sabia: las crías no podrán sobrevivir por sí mismas llegada la muerte a los adultos, por lo que el sacrificio de éstas puede dar una oportunidad más a los leones adultos, para así continuar en el tiempo hasta que existan mejores condiciones para la crianza. Es cruel, pero la lucha por la supervivencia no está exenta de crueldad.

Comprendemos a la tribu como el “pacto” que sucede a la guerra de todos contra todos del que hablaba Thomas Hobbes, es decir, la primera y original forma de organización la más básica y, por ende, la que por sus características, puede asegurar la continuidad filogenética del legado  de seres humanos unidos contra todo por la supervivencia. Aun no siendo una especie propiamente tal de supremacismo, el tribalismo pone particular énfasis en la tribu de pertenencia antes que cualquier otra tribu, puesto que la tribu es una extensión del individuo. El individuo puede escoger un camino solitario y transformarse en un “one-man-army” y situarse al medio en la guerra de todos contra todos, pero en tal estado su espalda quedará desprotegida, y su progenie no será más que un proyecto, una idea no materializada.

Bellum omnium contra omnes

La forma más saludable para el ser humano es exhibir un comportamiento semi-gregario, donde puede desenvolverse de manera intraespecífica con otros individuos alcanzando objetivos en común (satisfaciendo sus necesidades colectivas), y además cultivarse a sí mismo, en pruebas y desafíos solitarios que le produzcan satisfacciones de tipo personal.

La tribu, al ser un grupo reducido de personas que realmente comulgan entre sí, funciona por acuerdos entre sus miembros. Un número mayor de individuos provoca un quiebre en las relaciones intraespecíficas, anteponiéndose las instituciones creadas a partir de la complejidad del sistema a las mismas relaciones humanas, algo lógico, puesto que a mayor número de individuos, menor es el tiempo compartido con los demás miembros de la comunidad, así como mucho empieza a incrementarse el número de individuos que no se conocen entre sí. Es decir, la comunidad, como tal, deja de existir.

La destrucción de la comunidad, i.e., el crecimiento numérico que conlleva a un modo desprendido de lo colectivo y fuerte en lo individual, el asentamiento de la tribu en un espacio geográfico con el consiguiente cambio desde un modo de supervivencia cazador-recolector a uno pastoril-horticultor, y una mayor claridad para la elaboración de panteones de divinidades (surgidos a partir del tiempo libre, puesto que en un modo cazador-recolector no hay demasiado tiempo como para pensar en intrincados sistemas abstractos), que desemboca en una centralización de la información, propicia las condiciones para un monopolio del poder, i. e., el Estado.

Las condiciones que favorecen la conformación del Estado son consecuencia de la desnaturalización y alienación del ser humano como individuo desarraigado, primero como parte de un todo (desinterés bottom-up), y segundo, como individuo cuya realidad no tiene transcendencia para el sistema en el que está inmerso (desinterés top-down), pues en nombre del bien superior, el individuo pierde autonomía respecto a la toma de decisiones sobre su propio protagonismo en la construcción del destino en común.